viernes, 8 de enero de 2010

(...) Muchos pueden brindarme una hora de su vida pero nada es seguro y es ahí cuando en un momento me doy cuenta que realmente estoy sola. Me pierdo en el delirio, la ciudad gris se tiñe negra, llegada la noche mis ojos sufren de insomnio. Si es sábado olvidaremos con alcohol lo que pasó, pero entrado el domingo no tengo escapatoria.

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